Este es el poema que hemos trabajado en la clase:
El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...
Es una tarde clara,
casi de primavera,
tibia tarde de marzo
que el hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia,
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena,
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.
viernes, 5 de marzo de 2010
lunes, 8 de febrero de 2010
Juanillo y la mata de garbanzos
Mi padre ha querido contarme el cuento; y lo ha grabado para que lo escuchemos todos:
Juanillo y la Mata de Garbanzos
La historia que te voy a contar ocurrió hace muchos años, allá cuando las cosas imposibles ocurrían a veces. Hay quien dice que no fue así como pasó. ¡Ja! Que venga y me lo demuestre. Yo te digo que así pasó, y si no te lo crees, haces muy bien, pues puede que sea mentira.
Todo empezó porque Juanillo decidió prepararse un cocido. Al olor del tocino, un gato se asomó por la ventana y el chico lo ahuyentó tirándole un puñado de garbanzos. A la mañana siguiente, allí donde habían caído los garbanzos se alzaba una planta descomu¬nal. Tan alta era que su extremo se perdía entre las nubes.
Sin pensarlo dos veces, Juanillo se encaramó al tallo de la Mata gigante y trepó y trepó y trepó y trepó y trepó. Cuando la Mata se acabó, sintió tierra bajo sus pies. Se encontraba en un Lugar Extraño Colgado Entre Las Nubes. Frente a él había una puerta enorme, tremenda. Llamó.
Toc, toc.
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Juanillo y la Mata de Garbanzos
La historia que te voy a contar ocurrió hace muchos años, allá cuando las cosas imposibles ocurrían a veces. Hay quien dice que no fue así como pasó. ¡Ja! Que venga y me lo demuestre. Yo te digo que así pasó, y si no te lo crees, haces muy bien, pues puede que sea mentira.
Todo empezó porque Juanillo decidió prepararse un cocido. Al olor del tocino, un gato se asomó por la ventana y el chico lo ahuyentó tirándole un puñado de garbanzos. A la mañana siguiente, allí donde habían caído los garbanzos se alzaba una planta descomu¬nal. Tan alta era que su extremo se perdía entre las nubes.
Sin pensarlo dos veces, Juanillo se encaramó al tallo de la Mata gigante y trepó y trepó y trepó y trepó y trepó. Cuando la Mata se acabó, sintió tierra bajo sus pies. Se encontraba en un Lugar Extraño Colgado Entre Las Nubes. Frente a él había una puerta enorme, tremenda. Llamó.
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